Estoy a Dieta y Tengo Frío; ¿Quién no ha sentido nunca más hambre en cuanto ha notado la primera ráfaga de viento frío del año? Y lo que es más, el hambre era de alimentos calóricos, preferentemente ricos en grasas o hidratos de carbono. Es bien sabido que en invierno gastamos casi un 10% más de calorías para mantenernos calientes, pero todo el mundo debe tener cuidado con su dieta y asegurarse de que la estación del año no es una razón para comer más. Además, en esta época del año somos más propensos a las infecciones y lo que garantizará la formación de nuevas células del sistema inmunitario y nuestra energía es una dieta equilibrada.

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Estoy a Dieta y Tengo Frío

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Estoy a Dieta y Tengo Frío

Los nutrientes y la nutrición en invierno

Las vitaminas A, C, D, E y el ácido fólico, y los minerales zinc, magnesio y selenio son los nutrientes que, definitivamente, no pueden faltar en tu dieta durante el invierno. Son responsables de la acción antioxidante, del mantenimiento de la integridad de las mucosas (parte interna de la nariz y los ojos, y de los órganos internos), de la formación y activación de las células inmunitarias (leucocitos, células T, mastocitos, etc.) y del buen funcionamiento del ciclo del ADN. Los huevos, los frutos secos, las nueces, las hojas verdes oscuras, el pescado, las legumbres y los cítricos son algunos de los alimentos más importantes para incluir y asegurar, al menos en parte, los nutrientes mencionados. Si te faltan algunas de estas vitaminas, es cuando comenzarás a decir Estoy a dieta y tengo frío.

Es habitual que los nutricionistas observen un descenso en el consumo de fruta durante el invierno, pero es importante advertir a los pacientes de que deben consumirla. Una forma de fomentarla es elegir frutas de temporada: naranjas, fruta de la pasión dulce, mandarinas, fresas y prácticamente toda la fruta de la temporada.

Fraccione más sus comidas en invierno

Una forma de aumentar la ingesta de calorías, pero sin exagerar en una sola comida, es distribuir las comidas durante el día, para que la persona no sienta tanta hambre en momentos que antes no sentía. Siempre es importante preferir alimentos con grasas mono y poliinsaturadas (pescado, nueces, castañas, aceite de oliva) y carbohidratos complejos (avena, cereales integrales). Garantizarán el excedente de energía y nutrientes en la dieta necesarios para el frío.

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Aumentar la ingesta de líquidos

Si no es fácil convencer a la gente de que beba más líquidos en verano para evitar la deshidratación, imagínese en invierno, cuando no sudamos tanto. El agua es esencial para transportar nutrientes, hidratar la piel y las mucosas que se resecan más con el frío y mantener nuestros riñones en funcionamiento. Por lo tanto, intenta consumir al menos 1,5 litros de agua al día, así como tés y zumos.

Estoy a dieta y tengo frío; Las sopas también pueden ser una fuente de líquidos. Además de ser calientes y ricos en buenos nutrientes, son ideales para una cena.

Actividad física con frío

Además de ayudar a perder peso y ser extremadamente placentero, hacer ejercicio en invierno calienta nuestro cuerpo y fortalece nuestro sistema inmunológico. ¿Sabías que cuando hacemos ejercicio, el número de leucocitos y células asesinas naturales aumenta? ¿Y que la hipertermia (aumento de la temperatura corporal) favorece la formación de linfocitos? Todas estas células pertenecen al sistema inmunitario y luchan contra los virus, las bacterias e incluso los tumores.

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Busca siempre el equilibrio

Durante el invierno, es habitual aumentar el número de reuniones para comer fondues, pizzas, chocolate caliente, etc. Ciertamente, todo el mundo debe aprovechar al máximo los eventos sociales, pero elige lo que come con moderación. En lugar de utilizar leche y productos lácteos enteros, prefiera las versiones desnatadas y light. Aprovecha los chocolates amargos (más del 70% de cacao) y da preferencia a las pizzas con verduras. Aun así, controla las cantidades: no porque haga frío hay que comer más. Por último, en caso de duda, ¡pregúntale a tu nutricionista!

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